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Sus primeras tres tareas, diputados

Diputados, pasado el desencanto ciudadano inicial con el resultado de las discusiones sobre el número de miembros de Junta Directiva y la composición de las comisiones legislativas, llegó el momento de tomar decisiones trascendentales, decisiones que definirán ante nosotros cuál es el rumbo que ustedes pretenden adoptar durante su gestión legislativa.

Son tres sus tareas iniciales, dichas en orden cronológico: a) la aprobación de reformas al Reglamento Interior de la Asamblea Legislativa para tener un mejor y más transparente proceso de elecciones de segundo grado; b) la elección de cinco magistrados propietarios y cinco magistrados suplentes de la Corte Suprema de Justicia; y c) la aprobación de una nueva ley de servicio público.

La primera de las tareas bien se pudo haber cumplido durante la anterior legislatura, y la verdad es que no está del todo claro qué fue lo que lo impidió. Ahora les toca a ustedes hacer eco de una propuesta ciudadana que, se mire por donde se mire, mejoraría sustancialmente el proceso de elección de funcionarios.

Ustedes ya tienen en sus manos –con iniciativa de ley– una propuesta por la que se establece un procedimiento democrático, transparente y eficiente que va desde la convocatoria con un perfil predefinido de los candidatos, la acreditación de requisitos materiales y aspectos cualitativos, una fase de participación ciudadana, el desarrollo de verdaderas entrevistas, la ponderación de todos los candidatos, el auxilio o asistencia técnica, los debates públicos, la elaboración y entrega del dictamen de la comisión, hasta la votación nominal y pública.

Aprobar esas reformas les permitirá cumplir con lo que les ha estado costando cumplir y evitar que la Sala de lo Constitucional les esté corrigiendo más planas. Además, nos permitirá a todos contar con un procedimiento que incorpora estándares internacionales tan necesarios en este tipo de procesos.

La segunda de las tareas es la mejor oportunidad que tienen para demostrarnos que están comprometidos con el Estado de Derecho y la separación de poderes. Su mayor o menor vocación democrática quedará en evidencia si ustedes eligen magistrados independientes, con el mérito, experiencia y preparación que requiere el ejercicio de las más altas magistraturas.

Algunos de ustedes pidieron al gremio de abogados y al Consejo Nacional de la Judicatura (CNJ), que hicieran bien su trabajo y que, en sus respectivos procesos de elección, realizaran una verdadera depuración de aspirantes, de forma tal que al llegar a la etapa legislativa, los diputados tuvieran mejores alternativas para su elección.

No es factible afirmar que esas primeras etapas salieron completamente bien, sobre todo porque hay asociaciones de abogados que han perdido de vista la responsabilidad constitucional y los principios gremialistas, dejándose absorber por intereses político partidarios, que en sí mismo no deben ser satanizados, pero que de la actividad gremial deben ser completamente expulsados. Y porque en el CNJ si bien se dieron pasos importantes, sobre todo en materia de estructura del proceso y transparencia, la etapa final del proceso no tuvo la claridad que se esperaba ni la profundidad de deliberaciones que el proceso ameritaba.

Pero aún con mucho camino que recorrer, varias asociaciones de abogados, el gremio en general y el CNJ, se ocuparon y preocuparon por comenzar a devolver la credibilidad a este proceso y por llevarles a ustedes, los diputados, un listado de profesionales más depurado.

Se colaron varios que no deberían estar en ese listado, pero esos varios han quedado completamente en evidencia y es seguro que si ustedes quieren hacer bien su tarea, los colados no serán considerados en ningún momento. Así que descartando a quienes ostensiblemente no pueden ejercer el cargo de magistrados, les corresponde ahora a ustedes elegir a los mejores. Por primera vez en mucho tiempo, sorpréndannos de verdad con una elección que tengamos que aplaudir.

Por último, no le den muchas vueltas a la imperativa necesidad de profesionalizar el servicio público. No es posible que cada vez que cambie la presidencia en la Asamblea Legislativa o cada vez que en cualquier institución pública cambie su titular, nos tengamos que estar enterando de contrataciones injustificadas, de salarios que no guardan correspondencia con las responsabilidades asignadas y de reparto de plazas entre personas que no tienen ni la decencia de fingir que las ocupan.

También tienen en sus manos una contribución de sociedad civil que varios de ustedes públicamente dijeron que apoyarían. Aprueben una nueva Ley de servicio público y propicien con ello que poco a poco comencemos a tener mejores funcionarios y empleados públicos que no dependan del mandatario de turno, sino de su capacidad de gestión, administración y ejecución.

Ahí tienen tres tareas cuyo cumplimiento solo dependen de ustedes. Háganlas.